Antes de volverme blogger (o mejor dicho, cuando era blogger pero tenía un blog sobre cualquier otra cosa que no fuera esmaltes), ya tenía una colección nutrida de esmaltes. Hubo muchos que perecieron en el camino; ya sea porque se secaron (ojalá hubiese sabido que existían diluyentes!), o los regalé. Por mi caja de esmaltes pasaron muchas marcas y colores que hoy en día no recuerdo; pero sí me quedaron un par grabados. Hubo una marca que me llenó de frustración y enojo, y esa fue... Revlon.
Debo estar hablando de algo que pasó hace, mínimo, cuatro años atrás, pero todos los esmaltes Revlon que probé por esa época, me salieron malísimos, y no era una marca exactamente barata comparando con los otros esmaltes que ya tenía, más teniendo en cuenta que aún era adolescente y no disponía de un presupuesto autosustentado. Eran super transparentes y no secaban nunca. Siempre los terminaba regalando a amigas menos exigentes (y con más paciencia).
Así que por mucho tiempo, le puse la cruz a esta marca. Hace poco decidí darle otra oportunidad, dados los años que pasaron; ya sabemos que las marcas suelen mejorar o empeorar sus fórmulas; y la chance se materializó en un Falabella del centro hace unas semanas atrás. Había mucha variedad de cosas lindas, y decidí comprarme tres Revlon que me llamaron mucho la atención. Uno fue
Ocean, de la colección "Top Speed", otro fue
"Not so blueberry" de la línea de esmaltes perfumados (me dió mucha curiosidad) y el tercero fue el señor bronce que les voy a mostrar hoy...